7 de marzo de 2013

8 de Marzo "Nela entre nosotras"

¿Quién fue esta ecuatoriana que no solo murió en Cuba, sino, además, decidió que parte de sus cenizas descansaran para siempre en esta tierra nuestra?
Nela Martínez Espinosa nació en una familia terrateniente y de firme tendencia conservadora. Muy niña aún descubrió la gran pasión de su vida, la lectura, la cual le daría una visión muy clara de la situación de exclusión y pobreza en la que vivían millones de seres humanos. Así despertó su espíritu rebelde y justiciero.
Con solo 20 años, en 1932, instalada en la ciudad de Atocha, donde trabajaba como maestra en una escuela nocturna para niños pobres, participó en una huelga general de trabajadores y se integró a un pequeño núcleo del Partido Comunista. Era la única mujer entre ellos. De esta forma comenzó su larga carrera de luchas por los derechos laborales de los pueblos indígenas y de las mujeres. Nela queda desde entonces intensamente comprometida con los reclamos de justicia social.

Fue fundadora e iniciadora de organizaciones y movimientos en su país natal. El 28 de mayo de 1944, durante la ola revolucionaria que se produjo ese año, y ante la ausencia de dirigentes que junto a estudiantes y trabajadores marcharan a la sede de Gobierno, Nela avanza con ellos y toma el Palacio Presidencial. Allí recibe las armas de carabineros y militares en señal de rendición y permanece en el Palacio, a la caída de Arroyo del Río, durante cuatro días. Desde esa posición, condujo el país y ordenó la liberación de los presos políticos.
La traición hizo que Nela abandonara la casa de Gobierno. Mujer de una raigal integridad, rechazó todo ofrecimiento de cargos públicos por parte del nuevo presidente José M. Velasco Ibarra y le expresó al mandatario: «…espero que cumpla con su deber como yo cumplí con el mío».
Momento de una vida
En 1945, Nela se constituyó en la primera mujer en llegar al Congreso Nacional como Diputada por elección popular. Un año después, y en representación de la Alianza Femenina Ecuatoriana, viajó a Guatemala, al Congreso Internacional de Mujeres Latinoamericanas, donde por primera vez las mujeres condenaron la fabricación y uso de la bomba atómica. En ese país permaneció un año, colaborando en la organización de las guatemaltecas en la conformación del Partido Comunista.
Al año siguiente dedicó sus esfuerzos a recorrer Centroamérica, dictando conferencias con la finalidad de organizar a las mujeres. París la recibió en 1949, como delegada al Primer Congreso por la Paz.
Aunque en 1956, Nela se retiró de las filas del Partido Comunista de Ecuador, al no aceptar la decisión de esa organización de impedirle militar por un año, continuó su quehacer rebelde y solidario. Luchadores españoles y guatemaltecos, así como miembros del Movimiento 26 de Julio, encontraron, junto a la tenaz revolucionaria, abrigo seguro.
Cuba y su Revolución en Nela
En la isla rebelde, Nela Martínez Espinosa sintió materializados sus sueños de libertad. Emma Ortega, quien fuera su secretaria privada, además de nuera, evocó hace algunos años, en un encuentro que sostuvimos en Caracas, el fuerte nexo de amor y respeto de Nela hacia Cuba, la Revolución y sus líderes.
«La amistad y, sobre todo la admiración que Nela practicó hacia la Revolución cubana, sus héroes y heroínas, porque estamos hablando de Fidel y Vilma, la máxima representación de las mujeres cubanas, es una admiración que nace de la identidad ideológica, de la identidad política. […] Admiraba muchísimo a este pueblo por su inteligencia y valentía. Ella se sentía en una patria grande en Cuba.
«Nela estuvo muy vinculada a Cuba. […] Yo pienso que entre ella y Vilma había mucha amistad y un trato muy especial de una hacia la otra.
«Cuando en 1983 se constituyó el Frente Continental de Mujeres por la Paz para acompañar los procesos liberadores de Centroamérica, sobre todo el de Nicaragua, yo era su secretaria en ese entonces, y Nela, la secretaria del Frente en nuestro país. A las reuniones internacionales me cabe la satisfacción de haberla acompañado y siempre ella se entrevistaba con Vilma. Yo vi respeto mutuo entre ellas; eran como unas hermanas, porque hasta coincidían en las palabras, en las expresiones de cómo analizaban los problemas de todos los países, y cómo había una coincidencia, una fidelidad y un respeto absoluto de una con la otra».
Emma Ortega en la actualidad preside en Ecuador la Asociación de Mujeres Nela Martínez y atesora vívidos recuerdos de las dos luchadoras latinoamericanas.
«Cuando Vilma visitó Quitó, lamentablemente fueron pocas ocasiones, de donde estuviera iba a saludar a Nela a su casa, a conversar con ella, a decirle: ¿Cómo estás Nela? ¿Qué podemos hacer por ti?, porque, claro, ya iba envejeciendo, agravándose su problema de salud y Vilma le aseguraba: siempre estamos acompañándote, pensando en ti.
«Eso es lo que queda en mi memoria: esa fraternidad, esa hermandad revolucionaria, esa fidelidad; y no puede ser de otra manera, porque de por medio están los principios, los que nos hacen hermanos y hermanas».
 

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